Con la llegada del buen tiempo, salir con nuestra mascota al campo y dar largos paseos siempre supone el mejor plan de fin de semana. Sin embargo, debemos prestar atención a una camuflada enemiga para los perros: las espigas.

¿Qué son las espigas?

Pasear por el campo con nuestro perro a pie o en bicicleta es una de esas actividades que siempre nos hacen un poquito más felices. Hasta que una espiga se clava en el ojo o el pelaje de tu querida mascota.

Reconocibles por su forma de flecha, las espigas son unas vainas que recubren las semillas de diferentes plantas gramíneas y cuentan con una textura áspera y rugosa. Son capaces de adherirse a la piel de los perros. Ya que esparcen sus semillas de forma natural en cualquier superficie, siendo nocivas para la salud del can.

De un color amarillo que torna a verde en la época de verano, permanecen durante gran parte de los meses de buen tiempo. Especialmente en primavera, cuando aún son amarillas, lucen sus vainas secas, por lo que tienen mayor facilidad para desprenderse y adherirse a la piel del animal. Por ese motivo, es importante que prestemos mucha atención y nos aseguremos de expulsar esa espiga del perro si no queremos ir corriendo al veterinario.

Los peligros de las espigas para los perros 

Las espigas no entienden de zonas. Ellas se adhieren y puede ser en cualquier parte: en la oreja, en la cola o incluso en los ojos. Si la penetración se sucede y llegamos demasiado tarde, estas pueden ser algunas de las consecuencias de encontrarlas en  la piel de tu mascota:

Dermatitis

Si la espiga cae en la piel de nuestro perro y él no la expulsa debemos hacerlo nosotros durante el cepillado. De esta manera evitamos que se forme un nudo de pelo alrededor. Este nudo impedirá la correcta transpiración en la piel del animal y llevará a tu perro a lamerse más de la cuenta, provocando una dermatitis.

Heridas con pus incurables 

La espiga tiene forma de flecha. Por eso resulta lo suficientemente afilada para causar molestias directas al entrar en contacto con el perro. En ocasiones basta con apartarla. Pero, ¿qué ocurre si no lo hacemos a tiempo y el perro se lame para mitigar el dolor? Pues que puede empujarla aún más al interior de la piel y crear heridas.

Otitis

Si una de estas vainas cae en la piel, es más o menos abordable, pero si lo hace en la oreja, el peligro es doble. ¿Por qué? Porque si ha entrado una espiga en el oído del perro puede provocar una herida interna que derive en una infección u otitis externa. Acude a tu veterinario de confianza si crees que esto puede pasarle a tu perro.

Dificultad para respirar

También inspirar tu perro una espiga por la nariz con las malas consecuencias que esto conlleva: dificultad para respirar, estornudos y estado nervioso. Mantén la calma y consulta con un profesional sobre lo que debes hacer en estos casos.

Problemas oculares

Una espiga en el ojo de tu perro puede provocar una lesión que incitará a la mascota a rascarse e incluso aullar de dolor. Quizás incluso su ojo se hinche y se encuentre aturdido al no entender ese dolor que tanto le molesta. 

¿Cómo evitar las espigas en nuestro perro?

Antes de tener que acudir al veterinario, lo mejor será prevenir, como sucede con otros muchos aspectos. Si al llegar el buen tiempo iniciamos rutas por zonas de campo, procura estar pendiente del comportamiento de tu perro en busca de indicios. Analiza su piel a la búsqueda de esa espinita maligna.

No olvides un cepillado después de cada paseo como forma de descartar o expulsar la espiga interdigital de tu perro. En caso de notar cualquier síntoma, acude rápidamente a tu veterinario.

En ciertos casos, puede que ya hayas comprobado en más de una ocasión que algunos perros son propensos a inspirar espigas. Ante esta situación, evita pasear por cualquier zona donde abunden estas vainas.