El gato burmés es un exótico ejemplar cuya historia supone el mejor cruce entre Oriente y Occidente. Te contamos todo lo que necesitas saber sobre esta adorable raza. 

La primera confusión es pensar que se trata de un siamés; pero no. El origen de esta raza nace en las ciudades budistas de Myanmar, la antigua Birmania. La llegada de la gata Wong Mau a Estados Unidos en la década de los años 30 y su cruce con un siamés derivó en que, realmente, naciera una nueva raza de pelo oscuro. Un felino dócil y juguetón que engloba diferentes cuidados y aspectos a tener en cuenta.

Características físicas

Es de tamaño medio, entre 3 y 5 kg, y su cuerpo es musculoso y fuerte. Su cabeza es redonda, de ojos separados y brillantes, generalmente dorados o amarillos. El pelaje del gato de la raza burmés es corto, fino y satinado en diferentes colores: desde crema hasta chocolate, pasando por champán, platino o cinnamon. Su cola, larga y recta, termina en una punta de pincel redondeada.

Carácter del gato burmés

Los gatos burmeses son felinos muy sociables, a los que les encanta interactuar con la gente. Este motivo hace que no sean muy solitarios. Su carácter juguetón requiere en ocasiones del uso de juegos y, por supuesto, ¡de la presencia de una caja de cartón! Además, son muy comunicativos, produciendo un maullido dulce que lo vuelve aún más tierno. 

Cuidados del gato de raza burmés

No requiere de demasiados cuidados salvo aquellos esenciales en cualquier felino: una alimentación de buena calidad, ejercicio regular e interacción a través de juegos. Su pelaje, eso sí, requiere de cepillados frecuentes a fin de mantenerlo brillante y limpio. Otro requisito consiste en vacunarlo y desparasitarlo.

En La Fortuna te aconsejamos acerca de todos los cuidados del gato burmés o cualquier otra raza, tanto en caso de enfermedad como a la hora de vacunarlo y desparasitarlo.